Intervención de Edilas del Frente Amplio Prof. Karina Sánchez y María Soza en la Junta Departamental de Río Negro por el Día Internacional de la Mujer.

Intervención de Edilas del Frente Amplio Prof. Karina Sánchez y María Soza en la Junta Departamental de Río Negro por el Día Internacional de la Mujer.

Por la bancada del Frente Amplio Río Negro también participaron las Edilas Nury Giménez, Viki Bonilla y Helena Ibarguren.

8 de marzo – Día Internacional de la Mujer.

«Me gustaría comenzar contextualizando históricamente el origen de esta fecha para contribuir a una reflexión que permita comprender por qué el 8 de marzo no es un día de festejo. Muchas mujeres no queremos regalos: queremos compromiso y acciones concretas en el marco del reconocimiento y ejercicio pleno de nuestros derechos.

El 8M no festejamos, reivindicamos. Reivindicamos los derechos conquistados y seguimos luchando por aquellos que aún faltan para alcanzar una verdadera equidad entre mujeres y hombres.

Esta fecha no nace para celebrarnos como mujeres, sino todo lo contrario: surge de la lucha que impulsaron distintas mujeres y colectivos feministas hace más de cien años en diferentes partes del mundo. Aquellas luchas buscaban el reconocimiento de derechos inherentes a nuestra condición humana, derechos que durante siglos se nos negaron por prejuicios sobre nuestro género. Esas concepciones nos sometieron a lo largo de la historia a condiciones que limitaron nuestras posibilidades de realización plena, nos excluyeron de espacios de decisión y restaron valor a nuestras vidas.

Los movimientos feministas tienen raíces obreristas y sufragistas que se remontan a la segunda mitad del siglo XIX y se consolidan en las primeras décadas del siglo XX. De ese contexto surge una de las primeras consignas históricas del movimiento: «Pan y Rosas». El pan simbolizaba salarios justos y condiciones dignas de trabajo; las rosas representaban calidad de vida, tiempo libre y derechos básicos. Era un grito por dignidad y respeto.

Ese tiempo histórico estuvo marcado por profundas desigualdades para las mujeres, especialmente para las de la clase trabajadora. En el contexto de la Primera Guerra Mundial, muchas sufrían el racionamiento, jornadas laborales maratónicas, condiciones insalubres en las fábricas, sobreexplotación, salarios miserables y la imposibilidad de cuidar a sus hijos. A esto se sumaban la violencia intrafamiliar, la imposibilidad de votar o participar en espacios de decisión política y el trato desigual por parte del Estado.

Cada mes de marzo, el 8M vuelve a colocar en el centro del debate público las reivindicaciones feministas. También aparecen cuestionamientos desde distintos sectores políticos y religiosos conservadores. En ese intercambio se vuelve visible una realidad que atraviesa múltiples ámbitos de la vida social: el trato desigual que reciben las mujeres en los espacios políticos, laborales, culturales, de salud o educativos.

Existe un patrón que se repite: los estereotipos patriarcales, profundamente arraigados y socialmente validados, que limitan y condicionan nuestro desarrollo pleno e incluso ponen nuestras vidas en riesgo.

¿A quién no le han ignorado una idea en una mesa de discusión dominada por hombres?

¿Quién no ha recibido un comentario sobre su cuerpo disfrazado de piropo o broma?

¿Quién no ha sentido miedo al caminar sola de noche?

¿Quién no ha escuchado un comentario despectivo sobre las mujeres en forma de «chiste»?

¿Quién no ha vivido o presenciado un trato o una paga desigual en el trabajo?

Podríamos seguir enumerando situaciones de micromachismos y machismos estructurales. Seguramente todas tengamos algún ejemplo.

Para muchas mujeres la realidad ha sido aún más dura: golpes, insultos, descalificaciones, marginación e incluso la muerte. Todo ello porque algunos hombres se han sentido con derecho sobre nuestras vidas. Pero nuestra individualidad, nuestro cuerpo, nuestra libertad y nuestros derechos no son espacios de disputa, nos pertenecen.

Es importante subrayar que la causa feminista no está sujeta a una orientación política, religiosa o ideológica específica. Su horizonte es claro: la igualdad de derechos entre mujeres y hombres y el reconocimiento efectivo de esa igualdad en todos los ámbitos de la sociedad.

Este año no marchamos bajo una única consigna, porque es imposible condensar en un solo lema la complejidad de los problemas que atraviesan a las mujeres en el mundo.

Sabemos que nunca ha sido fácil. Hemos logrado avances, pero el contexto internacional muestra también el crecimiento de movimientos políticos ultraconservadores que cuestionan derechos conquistados. Al mismo tiempo, las guerras y las disputas geopolíticas continúan afectando a los pueblos. En esos escenarios, las mujeres seguimos siendo quienes pagamos los mayores costos sociales y humanos.

Por eso también afirmamos que nuestra lucha es democrática y profundamente humanista. La democracia se fortalece con participación real, organización social y presencia activa de la ciudadanía, acciones que día a día sostienen nuestras colectivas.

El avance hacia la equidad de género no es otra cosa que una profundización de la democracia.

Porque una democracia que excluye, silencia o limita a la mitad de su población es una democracia incompleta.

La igualdad de derechos entre mujeres y hombres no es un privilegio ni una concesión: es una condición básica para una sociedad justa. Cuando las mujeres podemos participar plenamente en la vida política, económica, social y cultural, toda la sociedad se vuelve más libre, más plural y más democrática.

Defender la equidad de género es también defender instituciones más representativas, políticas públicas más inclusivas y comunidades más justas.

Por eso el 8 de marzo no es solo una fecha de memoria o de denuncia: es también un llamado a la acción colectiva.

Un llamado a seguir construyendo una sociedad donde nacer mujer no implique menos oportunidades, menos derechos o más riesgos.

Una sociedad donde la igualdad deje de ser una promesa y se convierta en una realidad.

Porque cuando avanzan los derechos de las mujeres, avanza la democracia. Y cuando la democracia avanza, avanza toda la sociedad.

¡Pan y Rosas!.»

Fuente: Espacio 1001 Río Negro