HABLAR LO QUE HAY QUE HABLAR.
Proceder así, me ha causado muchos problemas, especialmente con quienes se creen superiores, dueños absolutos de la verdad y, ¡a fin de año te evalúan -califican- “hacia abajo”!; porque aún con la respiración, se les hace ver, que no pensamos iguales; que estamos en las antípodas.
Querer callar al otro, querer hacerle pensar obligatoriamente igual…; esto ha marcado la historia de la humanidad, pero no para edificar, sino, para destruir.
“Limitar las opiniones a lo que se considera aceptable crea gente pasiva” Noam Chomsky. Reflexionando en esta expresión sostengo que, si hoy estoy escribiendo, es porque no soy pasiva, estoy haciendo uso de la libertad de expresión y comunicación; porque La Palabra, tan perseguida, nunca ha quedado pasiva; han existido hombres y mujeres a lo largo de toda la historia, que se han atrevido a llevarla adelante.
Si nosotros no lo hacemos, los hechos, los acontecimientos, hablaran por su propia cuenta: “… toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto… Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían”. Lucas 19:37 40.
Gladys B.
“BUSCA A DIOS Y EL HARÁ”.

