A siete años de su participación en TRANSUR 52, la activista LGBTQ+, tesorera de la Asociación Trans del Uruguay (ATRU), dirigente sindical de SUTIGA y concejala vecinal de Montevideo, reflexiona sobre el significado del Mes del Orgullo, el camino recorrido por el movimiento trans uruguayo y el legado de mujeres que hicieron posible la conquista de derechos.
Junio no es un mes más para la comunidad LGBTQ+. Es un tiempo de memoria, de reflexión y de reconocimiento a quienes transformaron la historia enfrentando la discriminación, la violencia y la exclusión. El 28 de junio el mundo recuerda la Revuelta de Stonewall de 1969, considerada el punto de partida del movimiento moderno por los derechos de las personas LGBTQ+.
Pero en Uruguay, el Mes del Orgullo también convive con otras fechas profundamente significativas para la memoria colectiva.
Llega después del 20 de mayo, cuando miles de personas marchan bajo la consigna «Nunca Más Terrorismo de Estado», y del 27 de junio, aniversario del golpe de Estado de 1973 y de la histórica Huelga General, una de las respuestas más importantes del movimiento sindical uruguayo en defensa de la democracia.
«No es una casualidad», reflexiona Florencia Guadalupe Borthagaray Fernández durante la entrevista.
«Todas esas fechas hablan de memoria, de resistencia y de derechos humanos. El Orgullo también es eso.
No se trata solamente de celebrar quiénes somos, sino de recordar a quienes hicieron posible que hoy podamos vivir con un poco más de libertad.»
Su historia es una de esas historias atravesadas por la lucha.
Actualmente es activista LGBTQ+, tesorera de la Asociación Trans del Uruguay (ATRU), dirigente sindical de SUTIGA, concejala vecinal y militante política y social. Sin embargo, cuando habla de sí misma evita poner el foco en los cargos.
«Muchas veces me preguntan quién es Florencia Guadalupe Borthagaray Fernández. Y siempre respondo lo mismo: soy el resultado de muchas luchas.
Soy el resultado de la militancia, de las oportunidades y de los procesos colectivos. Nadie llega sola.»
Esa convicción atraviesa toda la conversación.
El 7 de junio de 2019 se publicó su participación en TRANSUR, capítulo 52, un proyecto audiovisual que con el paso de los años se convirtió en uno de los registros más importantes de la memoria trans uruguaya.
Para muchas personas fue la primera vez que conocieron su historia.
Pero el camino había comenzado mucho antes.
El 6 de noviembre de 2017 ingresó a trabajar en el Hospital Pereira Rossell gracias a una oportunidad brindada por PLEMUU (Plenario de Mujeres del Uruguay), una organización que apostó por la inclusión laboral en un momento en que muy pocas instituciones abrían sus puertas a personas trans.
Parte del capítulo de TRANSUR fue filmado dentro del propio hospital.
«Ya trabajaba allí cuando se grabó el documental. Ese lugar ya era parte de mi vida. Lo importante fue que TRANSUR permitió mostrar otra realidad. La de una mujer trans trabajando, cumpliendo responsabilidades y ocupando un espacio que durante muchos años parecía reservado únicamente para otras personas.»
Con el tiempo, Florencia comenzó a notar que aquella visibilidad también generaba cambios.
«No digo que un documental cambie una realidad por sí solo, pero sí creo que ayuda a cambiar miradas. Después de TRANSUR empezaron a ingresar más personas trans y de la diversidad a través de PLEMUU. Para mí eso fue muy significativo porque demostraba que la inclusión podía dejar de ser un discurso para transformarse en oportunidades concretas.»
Reconoce que PLEMUU fue una de las pocas organizaciones que, en aquellos años, apostó de manera decidida por incorporar personas trans y de la diversidad al mundo del trabajo.
«Cuando una organización decide confiar, no solamente cambia la vida de una persona.
Muchas veces abre una puerta para muchas más.»
Ese es, justamente, uno de los ejes que atraviesan toda su historia: comprender que ninguna conquista es individual y que detrás de cada oportunidad siempre existen personas que antes decidieron abrir el camino.
Creo que esta primera parte ya tiene un tono muy periodístico. En la segunda vamos a desarrollar a Sofía Saunier, Gloria Álvez Mariño, Karina Pankievich, la historia de ATRU, la Ley Integral para Personas Trans, la Comisión Especial Reparatoria y el contexto político de las conquistas de derechos, para luego cerrar con tu mensaje: «Nadie llega sola».
La historia de Florencia también es la historia de muchas otras personas. Por eso, cuando habla de su recorrido, rápidamente aparecen nombres propios.
No como una lista de reconocimientos, sino como un ejercicio de memoria y de gratitud hacia quienes dedicaron su vida a abrir caminos para las generaciones que vinieron después.
Una de esas personas es Sofía Saunier, artista, activista e integrante de la Asociación Trans del Uruguay (ATRU), creadora de TRANSUR, un proyecto audiovisual que comenzó en 2013 con un objetivo tan simple como revolucionario: registrar las historias de vida de personas trans de todo el país para que fueran ellas mismas quienes contaran su propia historia.
Con una cámara, compromiso y un enorme esfuerzo personal, Sofía recorrió Uruguay construyendo uno de los archivos audiovisuales más importantes sobre la memoria trans uruguaya.
En una época donde la mayoría de las veces las personas trans aparecían en los medios vinculadas al prejuicio o la violencia, TRANSUR mostró otra realidad: historias de lucha, de trabajo, de militancia, de sueños y de resistencia.»
TRANSUR fue mucho más que una entrevista.
Fue la posibilidad de contar mi historia con mi propia voz.
Sofía entendió antes que muchas personas que nuestras vidas también eran parte de la historia del Uruguay y que merecían ser documentadas.»
Ese compromiso con la memoria también lleva inevitablemente a otro nombre fundamental: Gloria Álvez Mariño.
Hablar de Gloria es hablar de una de las grandes pioneras del movimiento trans uruguayo.
Fundadora de la Mesa Coordinadora de Travestis en 1991, organización que años más tarde daría origen a la Asociación Trans del Uruguay (ATRU), dedicó más de tres décadas a luchar por los derechos humanos de las personas trans cuando hacerlo implicaba enfrentarse todos los días a la persecución, la discriminación y la violencia institucional.
Su militancia fue mucho más allá de la defensa de un colectivo. Trabajó por el reconocimiento de la identidad de género, por el acceso a la salud, por la prevención del VIH, por la dignidad de las personas trans y por la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.
Gracias a mujeres como Gloria comenzaron a abrirse caminos que hoy muchas veces parecen naturales, pero que fueron conquistados con enorme esfuerzo.
«Las nuevas generaciones tenemos la obligación de saber quién fue Gloria Álvez Mariño. Muchos de los derechos que hoy disfrutamos comenzaron con mujeres como ella, que lucharon cuando casi nadie hablaba de nuestros derechos.»
Tras el fallecimiento de Gloria, la presidencia de ATRU quedó en manos de Karina Pankievich, otra de las grandes referentes históricas del movimiento trans uruguayo.
Fundadora de ATRU y militante desde hace más de cuatro décadas, Karina fue una de las impulsoras de las primeras manifestaciones públicas del Orgullo en Uruguay a comienzos de la década de 1990, cuando apenas un pequeño grupo de activistas se animaba a salir a la calle para reclamar derechos en medio del miedo y la discriminación.
Su trabajo también fue determinante durante el proceso de discusión y aprobación de la Ley Integral para Personas Trans, una de las normas más importantes en materia de derechos humanos aprobadas en Uruguay en los últimos años.
Desde 2019 integra la Comisión Especial Reparatoria, creada para reconocer y reparar a las personas trans que fueron víctimas de violencia institucional por motivos de identidad de género. Gracias a ese proceso, más de 277 personas han accedido a una reparación histórica largamente esperada.
En reconocimiento a toda una vida dedicada a la defensa de los derechos humanos, Karina Pankievich fue distinguida como Ciudadana Ilustre de Montevideo.
«Karina representa la continuidad de una lucha que comenzó mucho antes que mi generación. Gracias a mujeres como Gloria y Karina hoy existe ATRU, existen derechos conquistados y existe una organización que sigue defendiendo a nuestra comunidad.»
Para Florencia, hablar del Orgullo también significa recordar que ninguna conquista pertenece a una sola persona.
«Cuando una habla de su historia tiene que hacerlo con memoria. Porque nadie llega sola, todas llegamos porque antes hubo otras que caminaron mucho más difícil que nosotras.»
Ese recorrido también lleva inevitablemente a hablar de política pública. Porque detrás de cada derecho conquistado hubo años de militancia, organizaciones sociales, colectivos, activistas y decisiones políticas que hicieron posible transformar viejas reivindicaciones en leyes y políticas de Estado.
Para Florencia, la aprobación de la Ley Integral para Personas Trans marcó un antes y un después en la historia del Uruguay.
«No fue un regalo de ningún gobierno. Fue una conquista del movimiento trans organizado, de décadas de militancia y de muchas personas que dejaron parte de su vida para que esa ley existiera.
Pero también sería injusto no reconocer que hubo un gobierno que escuchó esos reclamos y decidió transformarlos en políticas públicas.»
En ese sentido, sostiene que muchos de los avances más importantes para la población trans fueron posibles durante los gobiernos del Frente Amplio, cuando la agenda de derechos humanos pasó a ocupar un lugar central en las políticas públicas.
«La Ley Integral para Personas Trans, los mecanismos de reparación, el reconocimiento de nuestra identidad, las políticas de inclusión y muchas otras conquistas no aparecieron por casualidad.
Fueron el resultado de una sociedad que empezó a comprender que ampliar derechos no le quita nada a nadie; por el contrario, fortalece la democracia.»Sin embargo, aclara que ninguna ley alcanza por sí sola.
«Las leyes son fundamentales, pero después hay que hacerlas realidad. De nada sirve una ley si una persona trans sigue sin conseguir trabajo, si abandona los estudios por discriminación o si continúa siendo expulsada de distintos espacios.
Ahí aparece la responsabilidad de las organizaciones, de los sindicatos, de las instituciones y también de toda la sociedad.»
Quizás por eso, cuando habla de su propia trayectoria, Florencia evita quedarse únicamente con sus logros personales.En los últimos años su camino la llevó a desempeñarse como activista LGBTQ+, tesorera de la Asociación Trans del Uruguay (ATRU), dirigente sindical de SUTIGA, concejala vecinal, militante política y social, además de participar en producciones cinematográficas nacionales e internacionales.
Pero insiste en que ninguno de esos espacios puede entenderse de forma aislada.
«Cada lugar que hoy ocupo tiene detrás una historia colectiva. No sería honesto hablar solamente de mí.
Antes estuvieron Gloria, Karina, Sofía y tantas otras compañeras que hicieron posible que hoy muchas de nosotras podamos estudiar, trabajar, militar, actuar o participar de la vida pública con mayor libertad.»
Para Florencia, el verdadero sentido del Orgullo no está solamente en celebrar la diversidad.
«El Orgullo también significa hacerse cargo de la historia. Significa recordar a quienes ya no están, agradecer a quienes siguen luchando y asumir la responsabilidad de continuar abriendo puertas para las generaciones que vienen.»
Esa es, asegura, la mejor manera de honrar el legado de quienes construyeron el movimiento trans uruguayo
.Porque las conquistas nunca son individuales.
Y, justamente por eso, cuando se le pregunta qué significa el Mes del Orgullo, Florencia se toma unos segundos antes de responder.
«No pienso el Orgullo como una fiesta, lo pienso como un compromiso. Detrás de cada bandera que levantamos hubo personas que fueron detenidas, perseguidas, expulsadas de sus hogares, privadas de estudiar, de trabajar y hasta de vivir con dignidad. El Orgullo también consiste en no olvidar nunca esa historia.»
Para ella, la memoria ocupa un lugar central.
«La memoria no es solamente recordar el pasado. Es entender por qué hoy tenemos determinados derechos y quiénes hicieron posible que existieran. Cuando olvidamos esa historia también corremos el riesgo de perder lo conquistado.»
Por eso insiste en que las nuevas generaciones conozcan a mujeres como Gloria Álvez Mariño, Karina Pankievich y Sofía Saunier.
«No podemos construir futuro si no sabemos quiénes abrieron el camino. Gloria organizó cuando casi nadie hablaba de derechos para las personas trans. Karina sostuvo esa lucha durante décadas y continúa haciéndolo desde ATRU.
Sofía decidió dejar un registro para que nuestras historias no fueran borradas. Cada una, desde un lugar distinto, ayudó a construir la historia del movimiento trans uruguayo.»Florencia también reconoce que su recorrido personal estuvo marcado por personas e instituciones que decidieron confiar en ella.
«Siempre voy a estar agradecida con quienes me dieron una oportunidad cuando la mayoría de las puertas permanecían cerradas.
Porque una oportunidad cambia una vida. Y cuando esa oportunidad se convierte en política de inclusión, cambia la vida de muchas personas.»
Ese convencimiento atraviesa también su trabajo cotidiano.
Desde el sindicalismo, desde ATRU, desde el territorio y desde cada espacio que ocupa, sostiene que todavía quedan muchos desafíos por delante.
«La inclusión no termina con una ley ni con una contratación. El verdadero desafío es construir una sociedad donde una persona trans no tenga que demostrar el doble para acceder a las mismas oportunidades que cualquier otra. Ese sigue siendo el gran objetivo.»
Florencia vuelve a la frase que atravesó toda la conversación.
«Nadie llega sola.»
«No soy solamente Florencia Guadalupe Borthagaray Fernández. Soy el resultado de muchas luchas, de la militancia, de las oportunidades, de los procesos colectivos y de personas que nunca bajaron los brazos.
Si hoy soy activista LGBTQ+, tesorera de la Asociación Trans del Uruguay, dirigente sindical de SUTIGA, concejala vecinal, militante política y social, es porque antes hubo mujeres que imaginaron un país donde eso fuera posible.
Mi mayor responsabilidad es honrar ese legado trabajando todos los días para que las generaciones que vienen encuentren un camino un poco más justo que el que encontramos nosotras.»
Antes de despedirse, Florencia deja una última reflexión.
Ya no habla solamente de su historia. Habla de un país, de una comunidad y de una responsabilidad compartida.
«Muchas veces se habla de las personas trans desde el dolor, y claro que ese dolor existe. Pero también existen nuestras capacidades, nuestros talentos, nuestro compromiso y nuestra enorme voluntad de salir adelante cuando aparecen oportunidades reales.»
Para ella, la inclusión no puede medirse únicamente por la existencia de una ley.
«La verdadera inclusión empieza cuando una persona trans deja de ser noticia por ser trans y pasa a ser reconocida por su trabajo, por su profesión, por su compromiso con la sociedad.
Ese día habremos dado un paso enorme.
«Durante la entrevista aparece una idea que se repite una y otra vez: la importancia de construir puentes entre generaciones.
«No quiero que las compañeras más jóvenes crean que todo empezó con nosotras. Antes hubo mujeres extraordinarias que dejaron parte de su vida para que hoy podamos vivir un poco mejor.
Y después de nosotras vendrán otras que seguramente llegarán mucho más lejos. De eso se trata la lucha colectiva.»
Florencia tampoco pierde de vista que todavía existen desafíos pendientes.
El acceso al trabajo, la permanencia en el sistema educativo, la salud integral, la vivienda, la salud mental y el combate a la violencia siguen siendo parte de una agenda que considera imprescindible profundizar.
Los derechos conquistados hay que defenderlos todos los días.
«Ninguna conquista está asegurada para siempre. La democracia también se fortalece cuando protege a quienes históricamente fueron excluidos.»
Mientras repasa su historia, vuelve una y otra vez a una misma palabra: gratitud.
Gratitud hacia quienes la acompañaron, hacia las organizaciones que confiaron en ella, hacia las compañeras que abrieron el camino y hacia todas las personas que comprendieron que la igualdad no debía quedarse únicamente en un discurso.
Quizás por eso, cuando se le pregunta qué representa hoy el Orgullo, no habla primero de ella.
Habla de comunidad
Habla de memoria
Habla de justicia
Y habla de esperanza.
«Si algo aprendí en todos estos años es que ninguna lucha vale la pena si una piensa solamente en sí misma. La verdadera militancia consiste en dejar un camino un poco mejor para quienes vienen después.»
Su historia, como la de tantas otras personas trans en Uruguay, demuestra que detrás de cada derecho conquistado hubo nombres, organizaciones, abrazos, discusiones, derrotas y también victorias.
Demuestra que la visibilidad puede abrir puertas.
Que la militancia puede transformar realidades.Y que la memoria sigue siendo la herramienta más poderosa para construir futuro.
Porque, como resumen Florencia Guadalupe Borthagaray Fernández al finalizar la entrevista: «Nadie llega sola, somos el resultado de quienes se animaron a soñar un país más justo antes que nosotras.
Si hoy me toca ocupar espacios, mi compromiso es seguir abriendo puertas para que algún día las próximas generaciones de personas trans no tengan que luchar por las mismas cosas que luchamos nosotras.
Ese, para mí, es el verdadero significado del Orgullo.»
Producción aportada por Florencia Guadalupe Borthagaray Fernández.






