El diálogo con Dios.
Concretar la alianza con su hijo Jesucristo.
En la primera contribución sobre el Cristianismo y qué es entrar en diálogo con Dios y con su hijo, conlleva a ingresar en una conducta exigente que presupone una concepción de la oración.
La oración provoca la meditación profunda, la identidad y la maduración interior. Meditar antes de tomar una decisión que va a afectar el curso de su vida, porque la meditación no es apartarse de la acción de nuestra vida cristiana.
La meditación también es un momento de reposo en el que se busca escoger el concurso de acción que resulte más coherente con su mensaje y su estilo de vida, o sea » la profundidad de uno mismo».
Una acción responsable no puede brotar de lo que uno piensa que es «el yo social», sino de lo que uno es: «el yo profundo».
Hablar de lo que «el momento exige» quiere decir la capacidad de «leer» el momento histórico en que uno vive sin imponerle los propios esquemas mentales.
Explicar la propia conducta es algo que ciertamente requiere mucha densidad cristiana (estar en contacto con uno mismo).
Porque el «yo profundo» está más allá de todas las ideas recibidas y de todos los valores heredados, es decir: un Yo asentado por medio de la oración, incondicionalmente, en el Padre, y aliado con el Hijo.
Contribución del Discípulo Misionero.

