SOBRE EL CRISTIANISMO.

El surgimiento del sujeto: LA EXISTENCIA CRISTIANA.

La absoluta singularidad de la verdad del acontecimiento de la revelación de Dios en Jesucristo estructura la temporalidad de la nueva criatura según tres dimensiones de las que dan razón las tres virtudes teologales: la FE, la ESPERANZA y el AMOR.

La primera virtud: la FE.

-El carácter central que adquiere el concepto de «fe» en la definición que el cristianismo ofrece de sí mismo, no debe ser subestimado.

En efecto, la comprensión de sí misma de la existencia cristiana, hace de la «fe» el vínculo de la pertenencia al Dios que se ha revelado en lasingularidad absoluta de la Palabra hecha carne en la persona histórica de Jesucristo.

La pertenencia a la nueva creación, al círculo de los discípulos de Jesús, al cuerpo de Cristo (el ungido) sobre la tierra, a la comunión del Padre y del Hijo, NO DEPENDE DE CUALIDADES HEREDADAS: no se nace como miembro del pueblo de la Alianza, sino que SE LLEGA A SERLO.

Este convertirse en cristiano presupone una conversión que significa la ACEPTACIÓN DEL AMOR INCONDICIONAL DE DIOS hacia la persona de cada una de sus criaturas y del ESPÍRITU DEL DON que se deriva de ello.

Decir que la pertenencia al Cristianismo no depende de cualidades heredadas significa declarar el carácter universal de la promesa: EL EVANGELIO DE DIOS REVELADO EN JESUCRISTO ES UNA BUENA NUEVA, la Buena Nueva por autonomasia para todos aquellos que la escuchan y son invitados a dejarse transformar por su poder transformador y liberador.

La BUENA NUEVA exige una DECISIÓN PERSONAL, que constituye como tal, independientemente de sus pertenencias y sus lealtades.

Pues la Gratuidad del Amor y del Don sólo existen si hay alguien para aceptarlos.

La fe cristiana vive de la paradoja según la cual todo se ofrece gratuitamente y, en consecuencia, la subjetividad individual encuentra precisamente su fundamento en la aceptación del DON.

La FE es CONFIANZA: vive de la convicción de que la existencia encuentra a la vez su identidad y su sentido al reconocerse a sí misma como dada, y que es recibiéndose como don como la persona reconocida y amada por Dios es constituída como sujeto ético y responsable.

Contribución del Discípulo Misionero.